viernes, 14 de julio de 2017

El jazz también son alegrías

Ayer en el concierto de Sumrrá me dio por disfrutarlo. Pensaba en cómo los viajes de gira de los músicos se les habían metido en el cuerpo y en los instrumentos, y de qué manera grande y generosa los compartían con nosotros. Johanesburgo tuvo que ser espectacular, y las ciudades bolivianas les emocionaron, les llenaron de vida y de respeto y curiosidad por la selva y sus sonidos. Un verdadero placer que vuelvo a agradecerles desde aquí. Aprovecho para hacerles publicidad, entusiasta: "5 Journeys" se llama el último disco. A mí me va a alegrar la tarde volver a escucharles, en muy buena compañía. Vino, marisco sencillito, y lo que venga. La temperatura es perfecta.

(Pa mí que ya me merecía un buen verano, después de tanta adaptación al nuevo trabajo y tanta telenovela) 



miércoles, 12 de julio de 2017

Alegrías

Las alegrías son mi palo flamenco preferido. Me gusta el nombre y me gusta el compás. Las escucho mientras escribo, pensando en otras alegrías, la de compartir una comida rica con buenos amigos, hecha con más cariño del que hubiera podido sospechar hace sólo unas semanas. Una lasaña de verduras, todo cortadito con primor, hecho en su tiempo justo, regando el cocinar con vino rico y buena ayuda. Va sonando el timbre y van llegando los demás, todos contentos. (Qué sonrisas, caramba). El hummus que iba a ser para el picnic exterior se quedó en el interior, y tan a gusto. Música, vino, café (infusión, y también licor), comida, partidas de ajedrez, conversaciones,  foliada folk al final del día, encuentros con más amigas.

Definitivamente, la amistad es lo mejor del mundo. Venía años diciéndolo, y pensándolo, pero lo de hoy ha sido tan espectacularmente sencillo, que va a convertirse en faro y talismán para cualquier día gris. Y la lasaña de verduras, un conjuro de andar por casa, de los buenos.

Receta:

Se sofríe la cebolla (una mediana), el tomate (unos cuantos, o también una lata grande de tomate triturado) y el calabacín (uno grande), todo bien picadito. Al mismo tiempo puede irse haciendo la bechamel (importantísima la nuez moscada y la pimienta), con mantequilla, harina, y leche, la que admita. Todo lo anterior bastante líquido, para que se hagan bien las placas de lasaña que van directamente al horno. Al sofrito ya solo le faltan las acelgas, que se hacen en nada.

Cuando el sofrito y la bechamel están listas, se van poniendo las capas en la bandeja del horno. Bechamel, placas, sofrito, bechamel, placas, sofrito...hasta arriba. Luego queso rallado y al horno (precalentado diez minutos, a 200º) Media horita más a la misma temperatura, y a disfrutar. Da para cinco, y sale barata.



sábado, 8 de julio de 2017

Duelos son amores

El duelo (dolerse) siempre tiene que ver con el amor. Nos duele que se vaya una persona amada, porque su ausencia nos priva de alguna de las formas en que se manifestaba nuestro amarse, fuera correspondido o no. Y digo alguna, porque evidentemente hay amores que no mueren nunca, incluso aunque la persona se haya ido para siempre, como es el caso de los duelos por fallecimiento. Aunque la persona se vaya, queda amor para rato en su recuerdo.

Los duelos románticos, o afectivo-sexuales, deberían de ser mucho más llevaderos, e incluso pedagógicos, puesto que en cada uno de ellos se plantea si nuestra forma de entender este tipo de relaciones está siendo la más inteligente, es decir, aquella que proporciona lo mejor de cada cual a ambas partes. No se trata de una cuestión mercantilista, no se trata de quién "daba" más o menos, sino de si nos hacíamos daño en los desencuentros, si ese daño tenía arreglo, qué proyecto tenía cada una de las partes, qué motivaciones para estar en la relación. O también, hasta qué punto se podía confiar, hasta qué punto íbamos a encontrar refugio en caso de necesitarlo.

Así que el duelo romántico es siempre un aprendizaje. Lo mejor es que la evaluación final tenga que ver con aquello que se avanza "no estando en la relación". No hace falta pensar mal de la otra persona, ni ponerle calificativos ni descalificativos, es suficiente con llegar a un lugar en el que su "no estar" proporciona más calma que nerviosismo, más ganas que desgana, más inspiración que pasiones prisioneras. Ni siquiera hace falta dejar de quererla, se la puede querer en la distancia, se le puede desear el mayor de los bienes y de las fortunas sin que ello suponga desear, y mucho menos necesitar su presencia. Incluso deseando su "no presencia" puede aplicarse lo anterior.

Nada más lejos de la frialdad. Llegar a esta conclusión es el resultado de haber ensayado todas las posibilidades, haber pensado, recreado y vivido todo lo que daba de sí el amor teniendo en cuenta la disposición de los participantes. Cuando la única salida posible sería una voluntad de cambio que de ninguna manera se produjo, ni tenía atisbos de producirse. En lugar de eso, una y otra vez se producía una repetición de actitudes frustrantes (probablemente por ambas partes, lo que se dice un círculo vicioso) que robaban calma, fuerzas y posibilidades para realizar proyectos de vida que, de seguir en esa dirección, estarían abocados al más estrepitoso de los fracasos. No quiero decir con esto que vayamos a conceptualizar las relaciones en términos de éxito, puesto que de ninguna manera son competiciones, pero sí es cierto que la cuesta abajo emocional como horizonte no resulta nada atractiva.

Una vez esclarecido lo anterior, lo que viene ahora es una celebración de la vida. Para empezar, es una bendición disfrutar de la compañía de las amistades sin tener ciertos temas como centro, no los detalles en sí, sino las consecuencias anímicas de tanto subibaja. Es sorprendentemente agradable observar cómo el espacio mental y emocional que queda libre empieza a ocuparse con actividades que se viven y realizan sin patrones de euforia-tristeza, pero no por ello sin alegría. Muchas veces me he conformado con la euforia como sustituto resignado de la alegría, sin pararme demasiado a pensar lo que estaba sucediendo realmente. Muchas otras veces he justificado esos patrones como paso necesario hacia ideales de estabilidad que no dejaban de ser eso, ideales, y por lo tanto irreales. El idealismo tiene su función cuando es una actividad social, cuando se lucha juntos, no cuando es un autoengaño individual para mantener una situación insostenible.

Durante años escribí sobre este tema alimentando ese autoengaño, de lo que resultó una telenovela cuya escena principal era yo agarrada a un clavo ardiendo mientras le decía (al clavo): "Suéltame, Luis Alfredo, lo nuestro es imposible". Ojo, que donde no había alegría podía haber humor, y muy bueno, tampoco vamos a renegar de él. Claro que yo quería alegría, no solo humor.

Si la persona de quien hablo lee esto, no podría estar más de acuerdo conmigo. Es más, podría aplicar todos mis novedosos descubrimientos a su propia situación, y llegar a conclusiones similares. Con la misma paz y la misma fuerza. Puesto que duelos son amores, deseo que los suyos (duelos y amores) le ofrezcan, al final del mismo proceso, tanta alegría como los míos. Siendo así, habría valido la pena.


lunes, 3 de julio de 2017

Un día sin adicciones

Me desperté con idea de pintar, todo el día, o buena parte. Pero pintar tiene sus riesgos. Tenía pendiente terminar el cuadro "Ramo de novia" ( una parodia expresionista del deseo romántico de "asentarse", una fantasía como otra cualquiera), pero la parte del tul requería una minuciosidad en tiempo y concentración para la que todavía no estoy preparada. Aún así, avancé una hora de tul (La parte blanca, luego le queda la parte beige, para que sea todavía más ñoño y decimonónico).

Me salvaron las ganas de comer, tras lo cual me fui al sofá, a intentar una novela de Almudena Grandes sobre la Guerra Civil. Tampoco.

No pinto, no leo... ¿ansiedad? ¿vacío existencial? NO!! ¿caminar? ¿ver a alguna amiga? SI!!

Salí a las cinco y llego a casa nueve horas después. No estuvo mal.

Para reconciliarme (y él ya sabe de qué hablo) con otro de mis amigos, pongo a La Polla para escribir esta entrada, me como un bocadillo a deshoras ( lo propio de las vacaciones), y afirmo que se va llevando, que una no es superwoman ni falta que hace.

Amigas feministas, poco a poco y con buena letra.
Buenas noches. 

domingo, 2 de julio de 2017

Fuera adicciones

Hablemos de las relaciones adictivas. A estas alturas de mi vida, las únicas palabras que el tema merece son aquellas que ayuden a dejarlas atrás. No voy a recrearme en sus peculiaridades, en sus compensaciones ni en sus explicaciones o justificaciones.

¿Cómo se deja una relación adictiva?

Siendo consciente de que lo es y de que hace daño, de todo lo que roba, porque al final lo más importante es el robo de energía, de ilusiones, de expectativas, de posibilidades, de autoestima. Hablo en términos de propiedad porque la adicción (sea del tipo que sea) parece un fenómeno exclusivamente de consumo, capitalista. Tiene que ver con el fetiche y la acumulación, fantasías profundamente ligadas al capitalismo. Tiene que ver con el desorden y la carencia, con la búsqueda ilusoria de emociones reales y bonitas en los lugares más equivocados. Por supuesto tiene que ver con la ausencia de cuidado y de autocuidado, que se convierten también en fantasías desordenadas.

Ya me lié. Volvamos al factor humano. Nadie es culpable de una relación adictiva, parece que nadie gana absolutamente nada, y que lo que parece ganarse se esfuma en el siguiente infierno, porque el ciclo es repetitivo hasta el aburrimiento. Al final no morimos de desamor en estos saraos, sino de aburrimiento. Ojo, todas las partes, que las relaciones son cosa de dos (como mínimo). Y es el aburrimiento lo que produce la sensación de pérdida de tiempo, de callejón sin salida, de ausencia de alegría.

Entonces, una salida posible es buscar diversión en cualquier otro lugar, diversión de la buena, de la que nos hace sentirnos vivas e irrepetibles, con capacidad continuada de reinvención y de asombro. Es decir, cualquier diversión que no tenga ni por asomo un componente adictivo, que no se asocie ni de lejos con semejante aburrimiento. Entramos en lo que se dice ponerse el chip de que, sólo por pensar y escribir en estos términos, ya estamos escapando de una muerte emocional segura. Hoy por ejemplo tomé el sol con una amiga, dimos un paseo, y luego nos mandamos mensajes planeando pintar juntas mi habitación. Pintarla como aula de pintura. Nos vamos a dormir con cara de bobas felices. ¿Qué tontería, verdad? A veces, no hay como hacerse la tonta para tener sencillas ideas brillantes y llenas de color.

Con el cansancio no iba a escribir nada más por hoy, pero como es cansancio satisfecho de un largo largo paseo (otra idea genial, otra tontería), aún quedan energías para pensar, por ejemplo, que estoy de vacaciones y tengo una lista gigante de actividades que no podía hacer cuando no estaba de vacaciones, y en las que no me podía concentrar por culpa del aburrimiento.

Si estás viviendo una relación adictiva, frivoliza y diviértete. Si te diviertes de verdad, seguro que no echas de menos el aburrimiento. Ahora bien, a veces hace falta un poquito de voluntad para la diversión. Exactamente igual que para el trabajo, para el cuidado, para el estudio, para la pintura, para regar las plantas o para limpiar el baño.

Me estoy poniendo tonta, pero es que la diversión es así, te pinta cara de mema. También me estoy pintando los ojos para salir de noche. Cruzo los dedos para despertarme cada mañana con ese poquito de voluntad que hace falta para no caer en el aburrimiento.

Querido amigo

Estoy enfadada contigo en aquello de ti que me hace daño. Es por eso que no puedo confiar en ti, ni seguir cerca durante un tiempo que imagino largo. Pero eso no es una enmienda a la totalidad, es solo la expresión necesaria y sana de mi dolor. La distancia que necesito para quererte bien, de otra forma, en otro momento y lugar. Y sobre todo, la distancia que necesito para quererme a mí misma de una forma segura, tranquila, sin dependencias ni falsas expectativas. De eso ya he tenido suficiente, y el precio está siendo alto.

Estuve leyendo algunas páginas sobre los tipos de apego, y aunque creo que en ellas hay algunas claves para entendernos a ambos, también es cierto que no dejan de parecerme enfoques individuales de problemas más amplios, de raíces históricas, y sociopolíticas. Somos hijos de una generación que aún vivió una dictatura, y que vivió el tránsito a esta pseudodemocracia, ahora neoliberal, sin que hubiese correspondencia emocional para esa transformación que, como acabo de decir, nunca fue completa. Una generación que nunca encontró reparación para sus heridas, porque no encontró espacio para expresarlas y ponerles nombre. Supongo que hace falta ser activista para establecer este tipo de conexiones, y tú no lo eres. No pasa nada, en mi vida hay muchas personas que no lo son, y nunca he dejado de quererlas por ese motivo.

Imagínate el estilo de apego, a la hora de criar hijos, de una generación así. A veces pienso que nunca terminaremos de entender el verdadero calado de los silencios, la represión de la vulnerabilidad, el autoritarismo como costumbre (y tapadera de demandas que no pueden satisfacerse, sea porque no hay herramientas, sea porque hay problemas percibidos como mucho más importantes, sea simplemente por miedo). Que no lo entendamos no quiere decir que no pese sobre la formación de nuestra personalidad, y, para el caso que nos ocupa, de nuestra forma de querer y relacionarnos con los demás. Es difícil calcular el peso de la desconfianza sistemática, del desprecio a lo que se considera "blando" o, en tus propias palabras, "dramas". Es difícil, también, calcular el daño de ese peso.

Puede que nunca hubieras conocido a alguien como yo, empeñada en trabajar sobre el dolor psíquico, en rodearlo, hacerlo visible y acogerlo para neutralizarlo, para quitarle poder, para poder reírme de él, y por lo tanto de mí misma, en el intento. Entiendo que no podía ser fácil que alguien como tú y alguien como yo llegásemos a construir juntos un apego seguro. Pero aún así, mira la cantidad de esfuerzos que hicimos, que estoy convencida de que no van a caer en saco roto. (No para seguir igual, ni siquiera para seguir juntos, pero por lo menos para hacer mejores versiones de nosotros mismos) Otra cosa es qué hacer con el precio a pagar, cuando es tan alto.

En lo que a mí respecta, voy a llorar todo lo que necesite, porque es la mejor manera de liberar físicamente la carga enorme que me anuda el estómago y el pecho. Empiezo a notar que, efectivamente, son lágrimas de soltar angustia, no de recrearla ni alimentarla. Ya no tienen que ver con la frustración, ni con la búsqueda desesperada de estrategias para mantenerme más tiempo en el mismo sitio. Tampoco son lágrimas románticas de telenovela. No voy a presentarme en tu casa ni hacerte sentir culpable por nada, ya no lo necesito, y perdona si alguna vez, en mi ignorancia, hice esa lectura y actué de esa forma.

Qué fatiga no haberme dado cuenta antes, qué fatiga...

No sé en dónde voy a refugiarme ahora, me gustaría mentirme a mí misma y decirme que no necesito refugio, pero como persona, y por lo tanto intrínsecamente vulnerable, sé que eso no es cierto. Refugio necesitamos siempre, y el mío, el más grande, se fue con mi abuela ("la rosa llora su pena"). Nadie va a quererme tanto como me quería ella ("la rosa sigue llorando"). ¿Ves como el drama no es capricho? Así que voy a empezar por admitir que tengo una pena muy grande, por momentos insondable, en otros momentos atenuada por las alegrías fugaces del placer o el entendimiento cómplice. Desplazada momentáneamente por el trabajo, y ahora por el estudio, que también dan alegrías.

Así que continúo con las alegrías, para mirar hacia adelante caundo se puede, y es el momento de darte de nuevo las gracias por la alegría de la música, que creció exponencialmente con tu apoyo y tus buenos consejos. Y aunque sé que la música no va a resolver nuestra distancia, es mejor contar con ella que no contar, eso siempre, qué te voy a decir que no sepas de este tema, que es uno de tus refugios.

Otra alegría es pintar, un lenguaje importante que permite decir las cosas de forma no categórica, sublimada en fogonazos emocionales que ni yo misma entiendo del todo por más que mire mis cuadros. Dentro de un tiempo indefinido haré una exposición para decir de nuevo, públicamente, que es posible hablar del dolor sin hacer daño, solo acariciando la vista con sugerencias a las que sinceramente espero poder añadir cierta belleza.

El Barroco, ese movimiento artístico que tanto nos gusta, habla fundamentalmente de la vida en toda su complejidad. Desde Haydn hasta Quevedo, la vida se retuerce para gritarla, parodiarla, denunciar su amargura y, en último caso, afirmarla siempre bajo cualquier circunstancia. Querido amigo barroco, cuídate mucho, y ten confianza en que yo también lo haré. Que tenga que ser lejos no significa ya nada malo, solo una necesidad diferente, que sé que comprendes, porque eres inteligentísimo.


domingo, 4 de junio de 2017

Lisca do meu calor e non me tolees.

Os camiños da paixón amorosa a veces son tortuosos. Xeneran sensacións contradictorias moi intensas, e tan intensas e definitivas parecen unhas como as outras. Tan eterno parece o vencello como a distancia. Rainer María Rilke doíase desta forza, de que a semente da planitude fose a mesma que provocaba a dor máis profunda:
                   
                          ¿Cómo termar da miña alma para que non roce a túa?

Nen o sabía Rilke, nen o sabe ninguén. Só nos queda atesourar receitas lindas para levar a tristeza do que non pode ser. Eses tesouros en forma de coidados, maletiñas de emerxencias, pequenas pero sólidas, máis sólidas en tanto que dependen de nós mesmas. Máis sólidas que aquelo que podemos esperar de ninguén que non sexamos nós. Por máis amor que houbera. Por máis que teñamos loitado por ese amor á nosa precaria maneira, que é a nosa, a mesma que xenerou ese sentimento que agora se nos nega.

A contradición habita, como nengún outro sentimento, as chamadas relacións de dobre vencello. Aquelas nas que unha acción ou a súa contraria xeneran exactamente a mesma frustración, e onde non é posible nen sequera falar do que está acontecendo, porque se nega a interlocución. O abano de posibilidades do que se pode facer xuntos redúcese progresivamente a unha única actividade: o sexo. A máis cargada emocionalmente falando, a que xenera e perpetúa a ilusión dunha unión máis sólida, máis duradeira, aquela que parece prometernos a disolución de todas as diferenzas a problemas pasados e futuros. Négase a maior, ao tempo que se acrecenta a fantasía de que non volverá a acontecer aquelo que nos separou. Así, nesta cultura dual e platónica de obsesivas divisións conceptuais, o sexo encárnase como algo separado de todo o demáis, volvéndose por veces metáfora definitiva de todo o que acontece (ou non acontece) fora del. De todo o que gostariamos que acontecera. Unha dualidade nostálxica da ausencia de dualidade. A loucura acompaña esta nostalxia, porque amor e loucura comparten nostalxias, divisións, fantasía e realidade, todo no mesmo espazo-tempo.

Como eu chegara, nalgún tempo xa lonxano, a navegar con certa orientación nos procelosos mares da loucura, pensaba que xa tiña todos os mapas. Tamén pensaba que aquelas brúxulas que tiña atesourado (aquelas que construira artesanalmente, sen guión nen manual), íanme ser útiles nestes mares do norte. Máis encontrei unha friaxe que renegaba de si mesma, coma friaxe e coma punto xeográfico. Eu sempre fun bastante de Cesárea Évora, de temperaturas mornas, ritmos cadenciosos. e sorriso doado. Gardo as espiñas e o xeo para batallas importantes, aquelas nas que se xoga, ben o respeito, ben a saúde mental.

"Agora pra qué falar, se nada ten pra sustentar"

viernes, 2 de junio de 2017

Allá al fondo


Al final de tus desvelos me quedo
con esa incapacidad tuya de sujetarte el alma
justo después de haberme tocado para siempre.

Dulce vibración electrónica, sucedánea del tiempo y de toda posibilidad, no temas ya por mí si no encuentras motivos. Para quien no quiere nada guardo allá al fondo un recuerdo tenue y líquido, como los vínculos frágiles de Zigmunt Bauman. Como la botella de vino que me devolvió a la vida después de ti, teniendo que celebrar que es así como quieres verme. Pero ya no me ves, y poco importa si somos felices de cualquier otra forma.

miércoles, 12 de abril de 2017

Compañers de vida

No resulta fácil encontrar personas que sepan estar con tu parte dañada. Por más pequeña que esta sea, en proporción a todo lo demás que soy (o mejor, que estoy), cuando pide sitio, ocupa sitio. En general, las personas no se presentan a las demás con un libro de instrucciones bajo el brazo. Quizás haya una excepción con algunas personas con diagnósticos psiquiátricos. Creo ser una de ellas, y mi libro de instrucciones se compone de: salida del armario cuanto antes, (para evitar sorpresas), biografía detallada, consejos para diferentes tipos de crisis (implícito en lo anterior), abanico de causas posibles (puntos vulnerables que pueden desencadenarlas), proselitismo del activismo en salud mental, regalo de material publicado, acceso al blog, explicación exhaustiva del concepto de apoyo mutuo... y algún otro ingrediente que se me va de la memoria, porque ya tenemos una edad.

Aún así, a veces no funciona, porque tu parte dañada puede dañar, aunque no quieras. Porque una característica de la aparición del lado dañado, es que siempre interpela al lado dañado del que está enfrente, y ahí se forma el lío padre. No lo interpela por maldad, ni por chantaje emocional, ni por inclinaciones teatrales: lo interpela porque la oportunidad de manifestarse resulta increiblemente atractiva al subconsciente, que es esa región inventada por el señor Freud que suele llevar muy mala vida por exceso de ostracismo. Algunas personas envían hacia esa zona demasiados ingredientes, por no resultar cómodos en otros ámbitos sociales (emociones, dependencias, expectativas, traumas...). Al ser interpelado ese territorio, sobre todo cuando no hay demasiada práctica (por los motivos anteriormente expuestos), se instala una terrible confusión sobre quién hizo daño a quién, y por qué.

Como todo el mundo sabe, el universo de la sexoafectividad acumula dolores, dolorcitos y hostias como pianos. Mantener la calma en ese universo es una tarea heroica. En un mundo que confunde el heroismo con el fútbol, todo esto de lo que hablo es una marcianada. Pero existe, y pasa bastante, además.

Separar a la crisis del conjunto de la persona debería ser el primer esfuerzo comunicativo. Relativizar muchos de los gestos, palabras y exigencias, y resituarlos en su contexto, sería el segundo paso. No insistir en temas sensibles es otro buen consejo, y, resumiendo mucho, dejar que pase el chaparrón ofreciendo compañía sin juzgar es el objetivo último. Lo que se suele considerar desahogarse, aunque las formas resulten un tanto...experimentales (ay, los locos y las vanguardias, qué fijación).

Hay personas que, cuando están malitas, revueltas, dañadas, o como se le quiera llamar, prefieren estar solas o, también, no ponerse a tiro de cualquiera. Hay personas que se empeñan en estar aunque la otra persona no desee que estén, y acaban estando por insistencia. Tiene que ver con el orgullo, o con lo que se supone que se espera de ellas, o con razones ocultas que se me escapan, y en las que prefiero no pensar. Hay personas que no quieren estar, por pereza, por miedo, o por honestidad de reconocer que no saben, y entonces mejor no, por si en lugar de ayudar lo hiciesen peor. Esta última actitud, el no querer estar por reconocer que no se sabe, a veces duele, pero a la larga se agradece. Y luego están las que, aún pidiéndoles que no estén, aún sabiendo ambos que no saben, y que pueden hacerlo peor, ahí las tienes alimentando profecías autocumplidas.

Vamos ahora con el post.

Después de la crisis, llegan los recursos de compensación. Dependiendo de cómo haya ido, o más bien de con quién haya ido, son de un tipo o de otro. Con ls compañers de vida, continúa el acompañamiento. Te acompañan en la crisis y te acompañan en la bajada, para que sea suave. Te acompañan en la celebración de tu vuelta, y siguen queriéndote exactamente igual. Porque saben que no es maldad, ni chantaje emocional, ni teatro. Saben exactamente lo que es: sufrimiento. Afortunadamente también saben que es temporal, que tiene fin, porque en ningún momento pierden de vista ni el conjunto, ni el contexto, ni quién soy al margen de mi sufrimiento, (o quizás a pesar de él).

Con los que lo hacen peor, no hay nada. O quizás sí: sospecha, alejamiento... Todo disculpable por mí, en su contexto. Porque después, afortunadamente, ya puedo permitirme ese lujo. Lástima que no haya nada que celebrar, por ese lado. Me queda siempre esa pena, y junto a ella una esperanza que de vez en cuando demuestra no ser del todo fantasiosa.

A mis compañers de vida nunca me canso de quererles y agradecerles su existencia, de las torpes maneras que se me ocurren. Gracias a ells nunca he dejado de quererme en serio, aunque por momentos pueda parecer lo contrario. Toda la vida por delante para celebrar.

lunes, 10 de abril de 2017

El estrés de las minorías

Esta semana he aprendido que, en psicología, existe este concepto. Pues mira, yo me alegro de que alguna corriente psicológica decida no mirar para otro lado ante este hecho.

A mí, por ejemplo, me pasa. Me duele estar en el armario, en los contextos en los que lo estoy. Me duele tener que esconder partes de mí de las que no me avergüenzo en absoluto, pero de las que si se avergüenzan (o simplemente temen, o odian, o todo a la vez) otras personas con poder para hacerme la vida imposible, si quisiesen. Nunca sé donde están, nunca sé lo cerca que pueden estar de mí. Así que hay una parte de mí que está en el armario, en determinados contextos (laboral, por ejemplo).

Y eso me genera estrés, que se añade al estrés normal que siente cualquier persona solo por vivir en este mundo. Cualquier persona que no pertenezca a ninguna minoría. Cualquier persona blanca, heterosexual, masculina, económicamente bien situada, sin ningún diagnóstico ni discapacidad. Cualquier persona que, no perteneciendo a ninguna minoría, tiene dolores, cansancios, tristezas enquistadas, que sufre acoso, o precariedad, o miedos de cualquier tipo.

Así que, cuando estoy de vacaciones, en lugar de estar completamente contenta, en lugar de estar todo lo contenta que podría y debería estar, tengo que reservar un espacio para que el estrés de las minorías pueda manifestarse. Un espacio mío, íntimo, a salvo de desconocidos, robado a las vacaciones, en el que pueda sentir esta especie de rabia sorda, sin causa ni objeto concreto, que me hace temblar. Que no identifico en un primer momento porque viene sin avisar, pero que me quita el sueño, me confunde en relación a sus causas, me precipita hacia una parte de mí que pide sitio para existir en paz., aunque su forma de llegar no aparente paz, sino todo lo contrario. Pide sitio para existir sin pedir permiso ni pedir perdón. Hoy que por fin la he reconocido, solo tengo ganas de abrazarla, y decirle que es buena, que es lista, que es importante.

domingo, 12 de marzo de 2017

In the mood for love

Porque el amor no es lo que me habían contado, ni falta que hace.

El amor es la alegría de estar contigo, y la alegría de saber que, cuando no estás conmigo, también estás contento. Que cuando estás con otras personas, estás contento. Que cuando estás solo, también lo estás. Que yo estoy contenta. Que estoy triste también porque la vida nos pone tristes una y otra vez, pero no por falta de amor.

En el estado anímico para el amor, nos reinventamos todas las veces que hagan falta. En la salud y en la ausencia de ella, sin otro vínculo que la amistad, esa forma de amor infinita, infinitamente infravalorada por los mercaderes del romanticismo.

La amistad nos convierte en personas luminosas.

Mientras vivas, brilla.




sábado, 25 de febrero de 2017

El cuidado filosófico

Ando leyendo filosofía. Me tiene fascinada un libro de Nacho Bañeras: "La cura de si o el cuidado filosófico. Una ascética para nuestro vacío"(ed. Icaria). Aunque todavía estoy por lo mitad, me gusta su descripción de la subjetividad como espacio común (más que como ente o esencia), y la centralidad del narcisismo como huida rápida del vacío (propiciada por el Capitalismo omnipresente, que ha entrado ya en la fase del consumo de experiencias como estrategia para mantener a todo tren la rueda de hámster en que se han convertido nuestras vidas).

Vuelvo a copiar la cita que estos días de lectura compartí con varias de mis amigas: "Sabernos perdidos, vulnerables, engañados, derrotados, y hacerlo así, en plural, es la manera más sencilla para darnos cuenta de que, efectivamente, esta vida que vivimos no vale nada. Quizás entonces podamos aupar otro querer".

Ando revuelta, también, con los mercaderes del vacío, los vendedores de experiencias de omnipotencia (el poder de la mente, el pensamiento positivo, las terapias que inflan el ego...y otras historias para no dormir). Pero sobre todo, ando preocupada. Amigas perdidas, sufriendo, buscando soluciones rápidas, fanatizadas en un abrir y cerrar de ojos, y parapetadas ante la más mínima crítica a su panacea del momento.

Pero no me queda otra que sentir compasión y esperar. La compasión (entendida como empatía radical) siempre duele, y la espera desespera. Mientras tanto, reflexiono sobre el apoyo mutuo, como aquello que nos devuelve la conciencia sobre la responsabilidad con el otro. La conciencia también de que el otro (otra)  existe como fin en sí mismo, y cuyo sufrimiento es tan legítimo... como suyo (en el sentido de pelearse siempre con el paternalismo). Da igual que yo vea ciertos sufrimientos como inútiles o innecesarios. Da igual que yo me aferre a la filosofía como fuente de pensamiento, sentimiento y acción. Da igual que yo me repolitice una y otra vez, y vea tentáculos del Capitalismo en las discusiones más inocentes, en los espacios mentales más recónditos. Mis gafas feministas cuentan feminicidios, y observan los brotes de homofobia y xenofobia desde el tallo. Esta vida que vivimos no vale nada.

No soy nada sin mis amigas, no existo sin las demás. Necesito comunicación, cariño, apoyo, abrazos, proyectos, conversaciones. Creo que me quiero porque sé lo que necesito. También necesito un mundo mejor, pero sus características no caben en esta entrada. No hay conclusión, solo reflexión incesante. Siempre recuerdo el proverbio zen: "La acción justa solo puede venir de la visión justa". Reflexiono para ver mejor: A veces en conversaciones pausadas y racionales, a veces sola, a veces a voces, a veces a besos, otras desde una mesa, o a golpes de tambor. Mis reflexiones preferidas son las que me devuelvo de vez en cuando, en forma de intuición, es como comer un plato rico, después de varios días preparándolo. Necesito mucha intuición estos días. Mi dolor de cabeza me recuerda la vulnerabilidad y la derrota. La conciencia de la mortalidad suaviza cualquier exigencia, pero la responsabilidad es otra cosa.

En las tradiciones místicas, la ascesis es la privación, previa a la iluminación. Con la contaminación lumínica, la oscuridad es un regalo. ¿Privarse de qué?